Francisco y Clara de Asís: Vida e Historia
Comenzamos nuestra historia a finales del S.XII. Europa está sufriendo transformaciones; entran en crisis el imperio germánico y la sociedad feudal. A la nobleza feudal le esta naciendo una amenazadora antagonista: la burguesía de comerciantes y artesanos. Los intereses encontrados de ambos grupos de presión, desencadenarán sangrientas guerras civiles como la que aconteció en Asís.
La Iglesia está regida por Inocencio III, con el que se inicia un poder para el papado que con sus antecesores, Honorio III y Gregorio IX, alcanzará su culmen. Nunca la Iglesia tuvo ni tendrá tanto poder. Pero al mismo tiempo el poderío y esplendor del papado se ve contrastado por innumerables grupos cristianos descontentos de aquella iglesia primitiva.
El feudalismo está herido de muerte con la naciente burguesía, la esclavitud feudal toca a su fin. Comerciantes, artesanos, banqueros han iniciado una carrera desenfrenada hacia el enriquecimiento fácil. Cualquiera puede ser rico; pero de la misma forma que cualquiera puede caer en la más cruda pobreza. Así la burguesía, que rechaza la esclavitud feudal y proclama la libertad individual, que el la libertad del que más puede, está generando masas de seres humanos condenados a la miseria y a la mendicidad, que se hacinan en las afueras de las nacientes ciudades.
En esta sociedad convulsionada y en asís nace en 1182 un niño a quien ponen por nombre Juan, hijo del más próspero y emprendedor comerciante en telas de Asís, Pedro Bernardote. Este, al volver de Francia de un viaje de negocios, le cambia el nombre de Juan por el de Francesco: el francés.
Francisco ve la luz en medio de la opulencia y la molicie. Acudirá a la escuela de la Iglesia de S. Jorge de su ciudad natal.
Francisco tiene unos doce años; estamos hacia el 1194 y en un palacio de la Plaza de S. Rufino ha nacido una niña, Clara de Favarone, hija de una de las familias nobles de Asís. Para Francisco esto pasa desapercibido pues esa familia es de los “otros”. Clara es educada como una niña perteneciente a su rango; tiene su servicio de doncellas e institutrices; y sobre todo tiene a su madre, madona Ortolana.
Entre 1199 y1200 estalla la guerra civil en Asís; pueblo y burguesía se enfrentan a la nobleza; esta es vencida y las familias nobles se ven obligadas a abandonar Asís y refugiarse en la vecina Perusa. En las caravanas de refugiados va la niña Clara. Allí pasará unos años durante los que hará grandes amistades que la acompañarán en una aventura para ella ahora inimaginable.
Francisco raya los veinte años. Es un chico alegre, educado, espléndido, derrochador… e inconsciente. Por su simpatía y por su dinero es elegido todos los años rey de la Juventud, un título que llevaba consigo el pagar del propio bolsillo todas las francachelas de los amigos. A Francisco no le importa, tiene el dinero fácil. La vida para él es un juego. A veces es desconcertante: tan pronto aparece con el mejor vestido, como con remiendos de pobre cosidos a sus costosas prendas; otras veces da espléndidas limosnas por ejemplo a los leprosos; eso sí, por intermediarios o dejando la bolsa del dinero sobre una piedra para que la recoja el leproso después que el se haya alejado. Y es que estos enfermos le producen un asco y repugnancia insoportables.
Cuando en 1202 estalla la guerra entre asís y Perusa, se alista en el ejercito asisiense. Otro juego más. Pero vence Perusa, lo que constituye una victoria para la nobleza asisiense allí refugiada; francisco es hecho prisionero y encarcelado en Perusa. Incluso la cárcel sigue siendo para él un juego; sus compañeros de prisión le reprochan la inconsciencia e insensatez con las que vive su condición de preso. Allí permanece un año hasta que es liberado por el todopoderoso dinero de su padre. Al poco tiempo cae gravemente enfermo y tiene que guardar cama seis meses. Al recuperarse y salir de nuevo a la vida se da cuenta de que las cosas no son como él las creía; que la vida no es sólo un juego, sino también un drama; que existe el dolor y el llanto; que si él podía satisfacer todos sus caprichos, otros muchos no tienen lo necesario para mantenerse en pie. Pero él se empeña en no ver la realidad, mejor dicho se empeña en no aceptarla. Por eso decide armarse caballero, para los que en 1205 se alista en el ejército del gualterio de Brienne y participa en su campaña bélica. Sale de asís apoteósicamente, pero la primera noche que duerme al raso en la vecina espoleto, una voz en su interior le pregunta que adónde va, qué busca, porqué huye de sí mismo. La misma voz le dice que vuelva a Asís, que se enfrente a los interrogantes inaplazables que le asaltan. Francisco vuelve al amanecer. Desde ahora se le ve muchas veces solo en las afueras de la Ciudad; sigue frecuentando sus amistades, pero estos perciben que en Francisco algo está pasando. Un día que paseaba por el campo, al pasar junto a una Iglesia semiderruida, llamada se S.Damián, siente como si una fuerza le empujara a entrar en ella y orar. El interior de la iglesia está iluminado por una tenue lámpara. Cuando sus pupilas se adaptan a la oscuridad, descubre un icono bizantino de Cristo crucificado; en lo más íntimo de su intimidad escucha la voz del crucificado; que le dice: “Francisco, repara mi Iglesia que está en ruinas”
Otro día pasea a caballo y de sopetón se encuentra cara a cara con un leproso. Instintivamente da media vuelta para alejarse…pero comprende que es inútil toda huída. Como en Espoleto, tiene que volver a afrontar la realidad que ahora se le presenta en el rostro desfigurado y sin apariencia humana con el leproso. Se apea del caballo, se acerca al leproso, le abraza y le cubre de besos dejándole todo el dinero que llevaba.
Al alejarse Francisco siente que algo nuevo está naciendo en él. Ve de un nuevo modo la vida y las personas. Percibe que el crucificado de S. Damián y el leproso crucificado por las llagas tienen mucho en común; incluso llega a pensar que son el mismo. Desde entonces en cada leproso, en cada mendigo, en cada desheredado verá al crucificado, y siempre que mire la cruz verá en ellas las cruces de todos los crucificados por la pobreza, el dolor…
Corre el año 1206. Clara ya ha vuelto del exilio en Perusa. Es una adolescente de doce años que empieza a abrir los ojos a la vida y ha visto que esta tiene dos caras, y una de ellas es la cruz. Ella desde su nacimiento tiene la vida resuelta, no se tiene que preocupar de nada, todo se lo dan hecho: manutención, educación. Incluso ya el han programado el matrimonio. Además tiene la suerte de vivir en un profundo ambiente religioso familiar, propiciado por su madre Ortolana. Pero ha visto la cruz del mundo, e intenta hacérsela más llevadera a los pobres dándoles limosnas a escondidas.
Un día de este 1206 oye una gran algarabía en la plaza de S. Rufino adyacente a su casa. Contra su costumbre de “nobildona” que salvo raras excepciones, nunca abandona la casa paterna, se asoma para ver el origen del tumulto. No tarda en descubrirlo: el adinerado Pedro Bernardone está denunciando públicamente ante el Obispo a su hijo Francisco acusándole de derrochador. Quiere desheredarlo. Todo ello mezclado con insultos y amenazas. Francisco, que ha permanecido sereno, empieza a desnudarse; en la plaza se hace un denso silencio. El desnudo deposita sus ropas a los pierde su padre. Clara percibe perfectamente la exclamación de Francisco: “Desde ahora nunca más diré padre mío Pedro Bernardone, siempre y con toda razón podré decir. Padre nuestro que estás en el cielo”
Aquel incidente llenó de interrogantes el corazón de clara. Desde entonces todas las habladurías de la ciudad versarán sobre el hijo de Bernrdone. Para unos Francisco estaba representando una de sus excentricidades; para otros, estaba loco. Otros no saben que pensar.
Tiempo después, Clara oye otro griterío. Se asoma y el espectáculo que contempla le llega al corazón. Francisco, demacrado, sucio, vestido de harapos, es objeto de burla y blanco de las piedras y el barro de la chiquillería: él permanece sereno, no responde a la agresión se limita a pedir limosnas a grandes voces para los pobres y piedras para la reconstrucción de una iglesia. Clara ya tiene otro pobre que atender. El para ella casi desconocido Francisco, le está aclarando muchas cosas. Presiente que lleva un misterio escondido que a ella le gustaría descubrir.
Un día de 1208 la alarma en asís llega a su punto culminante: a Clara le dicen que varios jóvenes de la flor y nata de Asís se han unido a Francisco; entre ellos Rufino, primo de Clara. Y no se les ha ocurrido otra cosa que la estrafalaria idea de repartir todo su dinero por las calles.
Clara empieza a percibir que la respuesta a sus propias inquietudes la tiene Francisco. Que debe dejar de limitarse a contemplar el espectáculo y pasar a la acción. Así decide ponerse en contacto secreto con Francisco a través de Rufino. No se equivocaba; la luz que ella pedía a Dios para su vida, Dios se la está enviando a través de Francisco. En esos encuentros Francisco le descubrió el camino que Dios le invitaba a seguir: vivir el Evangelio, seguir paso a paso las huellas de Cristo pobre y entregado; vivir en fraternidad, yendo por el mundo hermanados y carentes de todo poder, anunciando con la vida más que con la palabra la paz y la reconciliación con todos y con todas las cosas.
A Clara, como la ciego del Evangelio, se le abrieron los ojos y vio que la forma de vida de Francisco era lo que Dios quería de ella. Dios se sirvió de Francisco para descubrirle a ella su vocación.
Pero la vida de fe no es sólo llamada, sino también respuesta y decisión personales. Estos encuentros fueron calculadamente secretos.
Y en secreto fue calculada por Clara y Francisco la hora de la decisión.
Estamos en 1212, 18 de marzo, Domingo de ramos, Clara asiste a la misa presidida por el Obispo. Guapa como es, además se ha puesto su mejor vestido. Esta deslumbrante. Al bendecir los ramos, el Obispo se acerca y ofrece uno a Clara. Pero lo que ni el Obispo ni nadie sabe, sólo ella, Francisco y los hermanos, es que la gran fiesta empezará esta noche. Y la noche llega, Clara se asegura de que en casa todos duermen, y emprende la aventura. Tiene que burlar la guardia y sobre todo quitar el enorme madero que tranca la puerta trasera de su casa. Nada se la resiste. Al salir, le espera su amiga y vecina Pacífica; de ahora en adelante serán hermanas. Burlan la guardia de la ciudad, como la novia del Cantar de los Cantares. Al salir de Asís, para llevarlas a Santa María de los Ángeles, francisco, el Caballero Francisco a organizado con los hermanos un cortejo de antorchas encendidas. Una vez en Santa María de los Ángeles, Clara y Pacífica se consagran al Señor ante Francisco. Clara inicia su aventura con una fuga digna de figurar en el libro de oro de las huidas por amor.
Todos Saben que los familiares de las jóvenes querrán hacerlas volver al redil. En prevención de los cual, Francisco las lleva a un cercano monasterio de benedictinas, como era de esperar, se presentaron los familiares de Clara con la intención de llevársela por las buenas o por las malas. Nada consiguen.
A los pocos días se les une Inés, hermana de Clara. De nuevo se presentan los familiares; las amenazas y la brutalidad con que tratan a Inés es aún mayor, Pero la fuerza que sostiene a Inés, contra la que no pueden sus familiares.
Poco tiempo después Francisco lleva a Clara y las demás a la casita que está adosándose a la Iglesia de S. Damián. A petición de Clara les dicta una forma de vida, un pequeño escrito de tras líneas cuyo núcleo es el seguimiento de Cristo.
En adelante estas dos vidas correrán la misma aventura íntimamente unidas. Una aventura cifrada en estas claves fundamentales<.
_ El Jesús del evangelio. Ese Jesús pobre, humilde, anonadado, que nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas.
- Contemplación. Tanto Francisco como Clara son fundamentalmente contemplativos. Se dejaron arrastrar por Dios; dejaron que el espíritu de Dios les consumiera.
- Fraternidad: La primera misión de los seguidores de Francisco y Clara es ser hermanos. Somos una fraternidad, y desde la vivencia de esta fraternidad, anunciar y propiciar la fraternidad universal.
- Pobreza y minoridad: Pobreza material y pobreza en el espíritu; que se traduce de sencillez, paciencia, dulzura. Confiando en que estas son las armas más eficaces para la extensión del reino.
Pero este camino Francisco y Clara lo concretarán de forma diversa. Pues mientras que Francisco y sus hermanos lo vivirán yendo por el mundo, Clara y sus hermanas lo vivirán recluidas en s. Damián. Por eso tendrán diversos subrayados. Por ejemplo, la fraternidad. En un ámbito tan reducido como S. Damián, donde las hermanas viven el contacto diario año tras año, se hace necesaria una sólida cimentación de la vida fraterna. De ahí la insistencia de Clara en la corresponsabilidad, en la aceptación de las diferencias, en el servicio mutuo, en la corrección fraterna…
Otro subrayado fundamental en clara es la pobreza. Al respecto Clara emprende una curiosa batalla. Estamos en 1216, en la curia papal llueven cada día centenares de escritos solicitando privilegios. De repente una petición rompe la monotonía de los secretarios y amanuenses curiales. Viene de asís, de las Hermanas Pobres de S. Damián. El privilegio que solicitan es vivir sin privilegios, sin posesiones y sin rentas. Sencillamente ganarse el sustento trabajando, y cuando no les llegue, pedir limosna. Los curiales sonríen, pero cesan su burlona risa cuando el Papa Inocencio aprueba la petición oralmente.
Clara, que vive encerrada, que no predica, que no tiene una labor apostólica, pretende que la vida de las hermanas sea de tal forma vivida en fraternidad y pobreza que esta vida irradie hacia el exterior, atravesando los muros de S. Damián.
La vida sigue. Francisco y Clara van discerniendo su camino. Sus vidas son paralelas, pero cada uno tendrá que cargar con su propia cruz.
Estamos en 1219. Francisco marcha a Damieta en Egipto; allí presencia la derrota de los cruzados cristianos por parte de los musulmanes. El lleva otra cruzada con otras armas; por eso es recibido por el sultán Melek-el-Kamel. Allí le llegan noticias alarmantes sobre la situación de las Orden en Italia. Vuelve y en 1220 renuncia al gobierno de la orden. Ha empezado su calvario. Su movimiento se le va de las manos. Los sabios e instruidos no comparten sus ideas. Por eso quiere dejar por escrito lo que Dios le reveló. En 1223 redacta definitivamente la regla que es aprobada con bula por el Papa el 29 de noviembre del mismo año. Pero la crisis no cesa. Una crisis que le lleva a preguntarse sino será pura ficción lo que el cree ser obra de Dios. En los momentos más críticos Francisco recurre a ese Dios que parece escondido y a Madona Clara, auténtico puntal para el vacilante Francisco.
Corre el año 1225. Hace unos meses, en un retiro en el monte Averna, Francisco recibió las llagas del crucificado. Ahora está en S. Damián, en una choza. Está enfermo de los ojos, casi ciego. Su estómago no admite ningún alimento, su cuerpo s todo dolor. Y su espíritu está más crucificado que nunca por la crisis. Es de noche, intenta reconciliar el sueño, pero le es imposible. Para colmo unos ratones que hay en la choza le corren por todo el cuerpo. En medio de la desolación, Francisco no puede más que balbucir “Dios mío, ven en mi auxilio “Francisco se encuentra en la noche de su Getsemaní.
Pero como el Señor y Maestro se entrega a la suprema obediencia: “¡Qué nos se haga mi voluntad sino la tuya ¡” Y el Dios escondido vino en su ayuda. A la mañana siguiente, al salir el sol, compuso el cántico de las Criaturas.
Para Clara por esta empieza parte de su cruz: una enfermedad que la abandonará en los 29 años de vida que aún la quedan. Clara no es propensa a crisis, su fortaleza espiritual la mantiene en pie. Pero aún no siente todo el peso de su cruz. Francisco que está al final casi de su vida necesita de sus cuidados. Estamos a mediados de 1226; Clara presiente el desenlace de la vida de Francisco, y le pide que las escriba su última voluntad. El escribe insistiendo en lo indeclinable del seguimiento de Cristo pobre y crucificado.
Por este tiempo el Obispo y el podestá de Asís están tan enemistados que ni siquiera se hablan. Francisco se hace conducir al palacio episcopal y manda llamar al podestá. Ordena a los hermanos que canten el Cántico de las Criaturas y al final añade la estrofa del perdón. El Obispo y la modesta conmovidos y arrepentidos se abrazan y se perdonan mutuamente con sinceridad.
Ya en agonía los hermanos le llevan a la Porcíuncula; allí añade al cántico a la estrofa sobre la hermana muerte. Pocos días antes de morir reunió a los hermanos. Ordeno que cuando muriera les dejaran un rato desnudo sobre la desnuda tierra. Y así al atardecer de un sábado, 3 de Octubre de 1226, cumplidos en él todos los misterios de Cristo, voló al cielo. Fue enterrado al día siguiente, no sin antes recibir de Clara y sus hermanas el último adiós.
En 1228 es canonizado, para tal ocasión acude a Asís el Papa Gregorio IX, quien en su carpeta, entre otras cosas, lleva un escrito por el que concede posesiones propias a Clara y sus hermanas. También Clara desea la entrevista; lo mismo que el papa, ella lleva en su carpeta un escrito, pero de muy diversa índole que el del Papa, que le confirme por escrito el Privilegio de la pobreza absoluta. En el forcejeo vence Clara al Papa, quien por otra parte adoraba a Clara y a sus hermanas. El calvario de Clara empieza a aparecer. En vida de Francisco, nadie la molestó. Pero ahora deberá luchar en varios frentes. Por una parte se da cuenta que la situación jurídica de su fraternidad es cuando menos chocante: viven la forma de vida que Dios la reveló por medio de Francisco, pero jurídicamente están sometidas a la regla de S. Benito, dado que el Concilio Laterannse III había prohibido la creación de nuevas reglas. Y ella quiere pertenecer al carisma franciscano bajo todos los aspectos.
Otro
frente de lucha serán las divisiones entre los hermanos, que darán lugar a
enfrentamientos que a ella le atravesarán el alma.
Su orden se va extendiendo con nuevas fundaciones, ahora fuera de Italia. En Praga, Inés e Bohemia, hija del rey, ha oído hablar de forma de vida de Clara y decide seguir su ejemplo, fundando un convento.
Dirigidas a ella conservamos cuatro cartas de Clara que constituyen un verdadero tesoro de vida espiritual.
Clara prosigue con tesón en su empeño de ver aprobada una forma de vida semejante a la de Francisco. En 1247 el Papa Inocencio IV redacta una regla para Clara, en la que resuena la espiritualidad de Francisco, pero en dicha regla, se admiten posesiones; clara no lo puede aceptar y rechaza la Regla, entonces se pone ella a redactar una que es adaptación de la de Francisco a una fraternidad contemplativa femenina. La manda a la curia para ser aprobada. Clara está en el último tramo de su vida clavada en le lecho de la enfermedad, pasan los días y la Regla aprobada no llega. Por fin la víspera de su muerte, el 9 de agosto de 1253, recibe su Regla. Todo está cumplido. Después de 29 años de enfermedad, sus últimas palabras fueron “Te doy gracias, Señor, porque me has creado Murió con la regla entre sus manos, al atardecer del día de S. Lorenzo, 10 de agosto de 1253.
Escritos de San Francisco Escritos de Santa Clara