Judíos en España

 

Después de la destrucción de Jerusalén por Tito, en el siglo I, tuvo lugar de manera importante la llegada de los judíos a España, estableciéndose en Andalucía, y concretamente en Sevilla y Granada.

Consta que se llevaban bien hispano-judíos e hispanos-romanos. Pero cuando vinieron a España los visigodos ya cambio la cosa, pues al convertirse los godos del arrianismo al cristianismo (con Recaredo), fueron grandes perseguidores del judaísmo. En este tiempo la iglesia cristiana en la persona de San Isidoro de Sevilla, tuvo el papel de moderador, oponiéndose a la obligatoriedad de las conversiones.

Durante los siglos XI y XIII el judaísmo en la España musulmana tuvo sus años esplendorosos, pero con la llegada, un poco después, de los almorávides y almohades la buena convivencia se rompió. Sin embargo, está claro que las comunidades judías, tanto en la España musulmana como en la cristiana, se desarrollaron durante unos cuatro siglos en un ambiente de buena integración. Pero los nacientes cristianos del reino peninsular se sentían los herederos del reino visigodo y entonces se desmantelaron las sinagogas, se les privó de sus bienes y se les persiguió a muerte.

Después, según fue avanzando la reconquista el sentimiento antisemita, es decir, el partido hostil a la raza judía se suavizó. Ya en el siglo XIII la Iglesia irrumpe tomando medidas con las herejías y comienza la época de las Cruzadas. Y en 1239 se crea el Tribunal de la Inquisición, que en principio su cometido era juzgar las desviaciones de la fe cristiana, ampliándolo poco después al campo de los no cristianos.

En 1483 son expulsados los judíos de Andalucía, y en 1486 de Aragón. Por último, el 31 de marzo de 1492, tras la toma de Granada, donde además de la importante comunidad judía que allí existía se habían refugiado los que huían de castilla y Aragón, fue publicado el edicto, y firmado por Torquemada, de expulsión o conversión total. Esta diáspora llevó a los judíos que habitaban aquí a lugares del Viejo y Nuevo Mundo, cargados de equipajes y además de recuerdos y costumbres acumuladas en su vivencia con los españoles y sus culturas.

Con todo, es importante también decir, al respecto, que durante su estancia en España vivían siguiendo las leyes del Talmud, organizándose en todas las sinagogas; que ejercieron sus profesiones tradicionales de comercio y préstamo, así como también otras de relevancia social.

Un dato importante apunta aún hoy la grandeza de la comunidad judía en España: la existencia en varias ciudades de sinagogas y juderías.

 

Judíos en Segovia:

 

En cuanto a lo referente a la llegada a los judíos a Segovia, no se sabe con exactitud cuándo fue. Algún dato apunta al final del siglo XI, aunque su presencia en la ciudad parece se produjo en el siglo siguiente. Es, concretamente, en 1215 cuando hay noticia cierta de su establecimiento en Segovia. Entre los años 1278 y 1292 hay referencia de dos escuelas rabínicas y, como dato curioso, la existencia de alguna carnicería judía. Es también digno de notar que en la ladera izquierda del arroyo Clamores, en el lugar denominado “Pinarillo”, se encuentra situado el cementerio judío.

En el siglo XIV esta comunidad judía tuvo mucho peso en la vida segoviana. Estaba esparcida por toda la ciudad y arrabales, pero con una notable concentración  en puntos notables de la ciudad, sobre todo en aquéllos en los que la actividad comercial era más intensa, pues ellos eran numerosos y ricos.

Ya en 1412, por una ley firmada por Catalina Lancaster, madre y tutora de Juan II, los judíos que Vivian en Segovia fueron obligados a retirarse detrás del entonces convento de los mercedarios, justamente en la parroquia de San Andrés, pero no se cumplió esto del todo porque algunas familias judías seguían  viviendo en otras zonas de la ciudad.

A mediados del siglo XV la comunidad judía segoviana es una de las principales del reino castellano. Con todo, en las Cortes de Toledo de 1480 los Reyes Católicos ordenaron que tanto los judíos como los musulmanes vivieran separados de los cristianos. En Segovia tal mandato se llevó a cabo al año siguiente, y fue entonces cuando los judíos fueron encerrados en la “Judería”, barrio que estaba aislado mediante arcos de ladrillo levantados en las bocacalles linderas de las casas cristianas. El 31 de marzo de 1492 los Reyes Católicos firman el decreto de expulsión, dando un plazo de cuatro meses para que los judíos se convirtieran o, por el contrario, abandonen el reino, lo cual puso fin a la convivencia con ellos, añadiendo así un capitulo mas a la larga historia de la diáspora del pueblo judío. Esta comunidad judía vivió en armonía con sus vecinos árabes y cristianos hasta que fueron expulsados.

Unos marcharon, otros se quedaron, entre ellos Abrahán Señor, Rabino Mayor y  Ministro de Hacienda de los Reyes Católicos, que al convertirse al cristianismo fue apadrinado en el bautismo por ellos, cambiando su apellido por el de “Coronel”, origen de una familia noble segoviana emparentada con Juan Bravo. Además entre los muchos conversos que continuaron viviendo en su “barrio” que paso a llamarse Barrionuevo, hubo hombres de cultura e insignes científicos, como Andrés Laguna, conocido médico y viajero; Antonio Enrique, hombre de armas; Isaque Alboher, fundador de la casa Arias Dávila, notable cuna de obispos segovianos.

A pesar de que el paso del tiempo ha privado de los edificios que originariamente formaban aquel “barrio”, han llegado hasta nuestros días restos de viviendas del siglo XV y numerosos aljibes horadados en la roca caliza sobre la que se asienta la ciudad. En el siglo XIX, por razón de decoro, se cerraron algunas callejas y se alinearon otras, pero aún sigue conservándose cierto aire propio del urbanismo oriental y mediterráneo, por sus calles estrechas y quebradas.